Ángel Nieto, nunca te olvidaremos

A veces me da por rememorar mi infancia y destacar qué es lo que hizo que dedicase la mayor parte de mi vida al mundo de la moto. Nunca fui un virtuoso de la bicicleta, yo no era de los que sabían hacer caballitos ni dar saltos, lo que sí es cierto es que yo era de mis amigos el que menos se caía a pesar de ir a los mismos sitios y al mismo ritmo. Recuerdo que el mundo del motor estaba muy arraigado en mi familia, les encantaban los coches hasta tal punto que en casa llegó a haber cuatro coches siendo solo dos los que los podían conducir. Las motos también les gustaban, pero eran las peligrosas, las que requerían mucha más pericia que un coche.

Pero antes de eso recuerdo sobre todo los domingos, día de comida familiar en la que solía haber dos cosas sagradas. Una era la paella, la otra las carreras de F1 y las de motos. Recuerdo a mi madre ir preparando las cosas para la paella, el caldo por un lado, el arroz en el otro, la cebolla pelada y cortada, el tomate rallado, el pescado limpio y desespinado, la carne en trozos que cupieran en la boca. Todo preparado pero hasta ahí llegaba su cometido. Mi padre ya había hecho fuego y lo teníamos fuera esperando a que cogiera y lo tuviera a punto. El mundo se detenía cuando el programa Estudio estadio conectaba en directo con el circuito que tocase ese finde. A veces era Austria, otras Finlandia, qué más daba? lo que siempre era lo mismo es que nos sentábamos todos en el comedor enfrente de la tele justo antes de la salida. Yo era pequeño, demasiado para saber quien era quien pero ya con conocimiento para saber que aquello eran carreras de motos. Todos en formación, señal y todos empezaban a empujar sus motos al unísono, unos más rápido que otros. Ese hombre pequeñito que no era el mejor empujando concentraba toda la atención de mis padres.

Vamos Ángel!! exclamaba mi padre.

Poco a poco todos los de la tele pasaban de ir en grupo a ir en fila india, excepto ese hombre pequeñito, poco a poco iba progresando y a medida que lo iba haciendo veía a mi padre levantarse del sofá. Todos estábamos en silencio hasta tal punto que nada importaba excepto lo que pasaba en la tele. Cuando ese hombre pequeñito llegaba hasta el primero solían pasar dos cosas, o se quedaba detrás hasta muy pocas vueltas del final o lo pasaba inmediatamente yéndose solo como si tuviera mucha más prisa que el resto. No bajaba el ritmo hasta que pasaba por la bandera a cuadros casi siempre ganador. Yo acababa por levantarme del sofá celebrando la victoria con mis padres, mi hermano era demasiado pequeño para saber de qué iba todo aquello.Una vez hecha la paella por mi padre y sentados todos a la mesa era curioso ver a mi padre probar el arroz y decir ¡Qué bueno!, Qué bueno que es el cabrón!Era Ángel Nieto, ese grande, ese que nos emocionó tanto y que abrió la puerta a Tormo, a Aspar, Garriga, Sito, Crivi, Alzamora y todos esos cracks que ahora ya conocemos todos.

Sí, en mi infancia, la mía, lo más eran las carreras de motos y ese señor pequeñito que casi siempre ganaba.

Ángel Nieto, nunca te olvidaremos.

Carlos Llabrés
2TMoto Madrid Store
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