Compartir la carretera

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Los que disfrutamos de viajar en moto estamos acostumbrados a circular por muchos tipos de carreteras diferentes. Nos gusta descubrir nuevos paisajes, nuevos entornos y nuevas culturas, pero lo que no podemos evitar es tener que compartir esa carretera por la que circulamos con los demás. Ya sean los que nos acompañan en nuestro viaje o el tráfico del momento. 

Sé que a veces el tráfico puede ser desesperante, sobre todo en un atasco cuando tienes “prisa”, pero a veces el tráfico puede ser parte del viaje. Es importante que asumamos que la carretera es de todos y no solo nuestra, es cierto que si circulamos solos es mucho más placentera pero no siempre es posible. Por ella pueden circular peatones, bicicletas, carros, tractores, caballos, coches, camiones….. y todos ellos tienen tanto derecho a circular por ella como nosotros.

En mis viajes me ha tocado compartir miles de kilómetros con camiones y aunque os parezca una barbaridad, jamás he tenido un solo problema con ellos, al contrario, son muy previsibles y suelen ser conducidos por auténticos profesionales que se pasan más de media vida en la carretera. Son un colectivo parecido a nosotros, se saludan entre ellos y se ayudan en cada adelantamiento.

Ahora viene a cuento que os cuente una pequeña historia que puede ilustrar un poco este post.

Allá por el año 95 decidimos un grupo de Mallorca salir a hacer un curso de conducción deportiva en circuito y a rodar al día siguiente en otro circuito. Decidimos alojarnos en Albacete, lugar donde rodaríamos el segundo día pero el curso se celebraba en Cartagena el día anterior. Teníamos que estar en Cartagena muy temprano, allá por las 8:00 de la mañana lo que nos obligó a madrugar mucho. Una vez en la puerta del hotel llovía, no muy intensamente, lo suficiente para que el trayecto Albacete-Cartagena fuera delicado ya que aún era de noche, sobre todo porque se trataba de una carretera que ninguno de nosotros conocía.

Al salir de Albacete en grupo encontramos una densa niebla que junto con la lluvia hacía la conducción muy complicada, era imposible decidir si se podía adelantar ya que no veíamos más allá que unos cien metros delante nuestro. Cada vez que llegábamos a un camión y teníamos que adelantarles el camionero nos indicaba si podíamos pasar o no mediante sus intermitentes. Hasta Murcia fue todo el camino así, del mismo modo, no hubo ningún camionero que no nos echase una mano para ir progresando.  Poco a poco fue amainando la lluvia, levantándose la niebla y amaneciendo. Gracias a todos esos camioneros llegamos a tiempo a Cartagena y nos facilitaron circular por una carretera en condiciones “delicadas”.

Yo siempre recomiendo conducir a la defensiva pero no debemos entender al resto del tráfico como a nuestros enemigos, más bien como compañeros de viaje con los que nos ha tocado compartir kilómetros y por eso debemos ser comprensivos con los demás.

1 comment
Koper - 23 septiembre, 2014

como camionero que fui, la verdad es que no me costaba hacerle la vida mas facil a los demas…
Curiosamente las peores perrerias me las han hecho otros… no se si calificarlos “moteros”… dejemoslo en individuos, po decirlo suavemente.

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